[The Pad Yesterday] Dungeon Keeper

Bullfrog lanzó Dungeon Keeper en 1997, en medio de una década gloriosa para el género de la estrategia. A Peter Molyneux le salió un juego con otro ritmo y unas formas de hacer diferentes al resto.

Lo que hace a Dungeon Keeper diferente de los Age of Empires, Warcrafts y Starcrafts que le acompañaron en las estanterías durante esta época es la omnipotencia. Que no nos engañen: colocar la cámara en un punto de vista cenital no nos convierte en Dioses. En la mayoría de los juegos de estrategia que hay en el mercado no somos más que unos sargentuchos. En Dungeon Keeper no.

Por supuesto que hay duendecillos que cavan, extraen recursos y construyen salas. Claro que el objetivo primordial es proteger tu sala principal y destruir al otro. Pero además este juego tiene algo más: somos Dios. El puntero del ratón es, literalmente, nuestra mano. Una mano con para azotar a los súbditos que vaguean (hasta matarlos, si queremos), para agarrar a cualquiera de nuestras criaturas y colocarla donde queramos que trabajen o incluso para manosear el dinero ganado con el sudor de la frente de nuestros esbirros. Es un juego de estrategia en el que el jugador, sentado en su silla, interactúa de forma directa con su ejército. Es el Nintendogs de los juegos de estrategia.

Pero no basta con fulminar al vago y contar nuestra fortuna para hablar de “jugar a ser Dios”. Dungeon Keeper incluye una amplia gama de poderes y efectos que no usa ninguna criatura, sino el jugador. Insisto en lo llamativo que resulta que en un juego de estrategia en tiempo real el jugador sea realmente un personaje más, con sus habilidades, sus poderes y sus funciones. Y todo sin cambiar apenas los cánones del género.

Y aquí entra otro de los detalles demoledores en la mecánica de este juego. Uno de los poderes se llama “posesión” y consiste en eso, en poseer a una de las criaturas y manejarla desde dentro, en primera persona. No hace ni un año que todos estábamos aplaudiendo las fabulosas transiciones del 3D al 2D en Super Mario Galaxy 2. Hoy aplaudo también éstas: en un momento estamos abarcando todo el mapa con una perspectiva isométrica y de pronto nos introducimos en la débil mente de una criatura y nos encontramos luchando contra el enemigo en primera persona. Incluso podemos ser huéspedes en el cuerpo de un peón para obligarlo a trabajar infinitamente más rápido y construir un pasillo en unos segundos.

Pero igual que hay poder divino, hay libre albedrío. Y eso se nota desde el primer momento en la gestión. Si en otros juegos del mismo género es el jugador quien elige qué criaturas produce para crear su ejército, en Dungeon Keeper las criaturas te eligen a ti cuando ven que tienes una mazmorra con instalaciones a su gusto y las arcas llenas de dinero (cada cierto tiempo, se acercan a ellas a tomar su sueldo).

Y con las mismas, se irán de tu cueva o trabajarán con menos interés si no están a gusto. Incluso podrían llegar a pelearse entre ellas por el dinero, por el espacio o porque sí, hay razas que directamente no se llevan bien entre sí.

Podría seguir hablando de lo original que resulta la exploración, el buen sentido del humor que gasta el juego y más aspectos muy interesantes, pero creo que con lo que he dicho queda claro que Dungeon Keeper es un juego de estrategia en tiempo real como manda la ley, pero con unos condimentos únicos que hay que catar. Sí o sí.

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